¿Cuánto cuesta un software a medida?

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Respuesta directa

Un software a medida no tiene un precio de lista: el costo se arma según cuántos procesos y pantallas necesita, con qué sistemas tiene que conectarse, cuánta gente lo va a usar y qué tan claro está hoy el proceso que se quiere ordenar. Por eso el presupuesto se arma después de conversar y relevar, no antes.

¿Por qué un software a medida no tiene un precio fijo?

Porque no es un producto que se compra tal cual: es un sistema que se construye para tu empresa. El costo depende de cuánto trabajo hay que ordenar y no de una tarifa que sea igual para todos. Dos empresas del mismo rubro pueden necesitar cosas muy distintas, así que el presupuesto sale después de entender qué hace falta, no antes.

¿Qué es lo que más influye en el costo?

Lo que más pesa es cuántos procesos y pantallas necesita el sistema. No es lo mismo ordenar una sola parte del trabajo, como los turnos o los pedidos, que cubrir toda la operación de punta a punta. Cuantas más tareas distintas tiene que resolver el sistema, más grande es el trabajo de construirlo.

También influye con qué otros sistemas tiene que conectarse. Si el sistema nuevo necesita hablar con algo que ya usás, como un medio de cobro o un sistema de facturación, eso suma trabajo respecto de un sistema que funciona solo, de manera aislada.

Otro factor es si el sistema se usa desde una computadora, desde el celular, o desde los dos. Un sistema que solo se abre desde la computadora es más simple que uno que además tiene que andar bien en el celular de quien está en la calle o en el mostrador.

Por último importa cuánta gente lo va a usar y con qué roles distintos. Un sistema donde todos hacen lo mismo es más simple que uno donde cada persona ve y puede hacer cosas diferentes según su función.

¿Influye tener claro cómo se trabaja hoy?

Sí, bastante, aunque no se note a simple vista. Si ya sabés con claridad cómo querés que funcione cada paso, el trabajo de definir el alcance es más corto. Si todavía no está tan claro, hace falta más tiempo de conversación antes de poder calcular un costo, porque primero hay que ordenar el proceso y después construir el sistema sobre eso.

Esto no es un problema: es normal llegar a la primera charla sin tener todo definido. Pero cuanto más se pueda contar de cómo se trabaja hoy, más rápido se arma un presupuesto ajustado.

¿Por qué conviene empezar por lo que más molesta?

Porque atacar primero la parte que más tiempo hace perder baja el costo de arrancar y muestra resultados antes. En vez de pedir un sistema que resuelva todo de una vez, se puede construir primero la parte que más duele —por ejemplo, los pedidos o el stock— y dejar el resto para una etapa siguiente.

Esto tiene dos ventajas concretas:

  • El primer presupuesto es más chico, porque el alcance de esa primera etapa es más chico.
  • Se empieza a usar el sistema antes, y lo que se aprende usándolo sirve para definir mejor las etapas que siguen.

Este es también el motivo por el que conviene pensar el software a medida en términos de qué es lo primero que hay que resolver, no de un proyecto único e indivisible.

¿Qué pasa con el costo después de la entrega?

Después de la entrega queda una cuota mensual que incluye los servidores y los servicios que el sistema necesita para funcionar: eso se contrata y se paga del lado del estudio, y el monto puede variar según el uso que le da tu empresa.

Esa misma cuota cubre el mantenimiento, que es corregir lo que falla. Si más adelante querés sumar una función nueva que no estaba en el alcance original, eso es un trabajo aparte, que se presupuesta cuando llega el momento. Separar estas dos cosas es lo que te permite entender, mes a mes, qué estás pagando y por qué.

¿Cómo se define la forma de pago?

No hay una forma de pago única para todos los proyectos: se acuerda con cada empresa al armar el presupuesto, según el alcance de ese proyecto en particular. Es un punto que conviene dejar por escrito junto con el resto del presupuesto, antes de empezar.

¿Qué tiene que decir un buen presupuesto?

Un buen presupuesto describe el alcance con palabras que entendés, no solo un número. Así sabés exactamente qué vas a recibir y qué queda para más adelante.

Para llegar a la primera charla con lo necesario, sirve tener en mente:

  • Qué procesos va a cubrir el sistema y cuáles quedan afuera.
  • Con qué otros sistemas tiene que conectarse.
  • Si se usa desde la computadora, desde el celular, o desde los dos.
  • Cuánta gente lo va a usar.

Con eso en mano, un presupuesto serio debería decir claramente qué incluye, qué no incluye y en qué plazo se entrega. Nuestro proceso de trabajo explica cómo llegamos a ese número: primero una conversación, después un relevamiento mínimo, y recién ahí el presupuesto.

¿Por qué un presupuesto sin entender tu proceso es una señal de alerta?

Porque un número que se da sin haber entendido cómo trabaja tu empresa es, en el mejor de los casos, una estimación al aire. Nadie puede calcular con seriedad cuánto cuesta ordenar un proceso que todavía no conoce. Si un estudio te pasa un precio cerrado en la primera charla, sin preguntar cómo trabajás hoy, conviene desconfiar: probablemente ese número va a cambiar apenas empiece el trabajo real.

Lo mismo pasa con los plazos: cada proyecto tiene el suyo, y se define junto con el presupuesto, no de manera genérica antes de conocer el alcance.

Si querés saber qué preguntar antes de firmar, la guía ¿cómo elegir quién te desarrolla el sistema? repasa eso en detalle. Para ver ejemplos de sistemas ya construidos, podés mirar nuestros trabajos o directamente contarnos tu caso.

Preguntas frecuentes

¿El presupuesto puede cambiar durante el proyecto?

El presupuesto se arma por alcance. Si en el camino se agrega algo que no estaba, eso se conversa y se presupuesta aparte.

¿Se puede empezar con poco y sumar cosas después?

Sí. Se puede construir la parte que más resuelve primero y agregar el resto en etapas siguientes, cada una con su propio alcance.

¿El precio incluye los gastos después de la entrega?

No. Después de la entrega queda una cuota mensual aparte, que cubre servidores y mantenimiento, y se conversa en el mismo presupuesto.

¿La primera conversación tiene costo?

No. La primera conversación no tiene costo ni compromiso, y el presupuesto tampoco: lo armamos sin cargo para que decidas con toda la información.

Empecemos por una conversación.

No tiene costo ni compromiso. Salís con una opinión honesta: si te conviene un sistema a medida, algo que ya existe o nada todavía.